Descubre la clave para superar la inacción y comenzar a mejorar

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Hola ¿Cómo estás?

El artículo de esta semana va a ser un poco más personal de lo habitual. En vez de centrarme en técnicas o prácticas de productividad, lo voy a hacer en los motivos que en mi opinión hacen que la mayoría de las personas no consigan alcanzar una mejoría real.

He descubierto que las causas normalmente no tienen que ver conocimientos o habilidades, sino con algo con el potencial de marcar la diferencia: la actitud.

¿List@? ¡Vamos con ello!

 

Concienciación

Si hay algo que tienen en común todas las personas que están interesadas por la productividad personal, es que saben que tienen que mejorar. Incluso aunque no sepan que existen técnicas y métodos para ser más productivo, son conscientes de que tienen que hacer cambios en su día a día.

Todas ellas tienen características comunes como que nunca tienen tiempo para nada, suelen quejarse de que apenas tienen vida familiar o personal y siempre van con prisa y estrés en todo lo que hacen.

¿Te suena? 🙂

Estas personas saben que algo no va bien, que hay cosas que no funcionan como deberían, que la vida les come a ellos y no al revés. Pero muy pocas hacen nada por solucionarlo.

Entre ellas es habitual plantear soluciones para su situación que dependen de terceros: cambiar de trabajo por otro con menos estrés, esperar a que pase la etapa de «punta de trabajo» (que no suele acabar nunca, sino que suele ir a peor) o incluso creer que un golpe de suerte es la respuesta a sus problemas.

En definitiva, son conscientes del problema, pero no de cómo deben afrontarlo para tener posibilidades reales de solucionarlo.

 

Así estoy bien

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No me ahogo. Todo va sobre ruedas

Existe algo muy peligroso, pero al mismo tiempo muy común hoy en día: el conformismo.

Como vimos en el artículo dedicado a los hábitos nuestro cerebro tiende a ahorrar energía.

Por eso prefiere aquello que conoce porque sabe cómo hacerlo, porque lo tiene dominado y ha optimizado la energía que emplea para hacerlo.

Ese el motivo por el cual sentimos un rechazo inicial a cambiar a aquello que nos hemos habituado a hacer, ya que eso supone entrar en terreno desconocido lo que a su vez implica que habrá que hacer un gasto de energía extra para llegar a dominarlo.

El conformismo suele venir acompañado de «poderosas razones» (hay quien las llama excusas) para no movernos del sitio y seguir igual, aunque sepamos que debemos mejorar.

Se trata de razones como las siguientes:

  • Eso es mucho trabajo: implantar hábitos productivos exige sacrificios, esfuerzo y dedicación. Por eso, uno de los motivos más habituales para no hacerlo es que la supuesta falta de tiempo para ello. «Ahora no tengo tiempo» o «ya lo estudiaré más adelante» son expresiones comunes en este caso.

La combinación de actividad dura con la percepción de que no es una tarea importante, hace que muchas personas prefieran emplear su tiempo en cosas mucho más sencillas (y también mucho menos trascendentes).

  • Eso no lo hace nadie: la gestión del tiempo no es algo muy extendido, y puede que quienes la emplean sean socialmente vistos como diferentes o un poco raros.

Siempre es más fácil y tiene mayor aprobación social hacer lo que hace la mayoría, pero eso no quiere decir que sea lo mejor.

En ocasiones hay que abstraerse de lo socialmente aceptado y analizar que es realmente lo mejor desde un punto de vista individual.

Si alguna vez has usado alguna de estas razones para no hacer cambios que sabes que necesitas, te sugiero que vuelvas a intentarlo con otra actitud y punto de vista.

 

El entorno

Otro impedimento común que se usa como motivo para no aplicar técnicas de productividad y pasar a la acción es el entorno.

Expresiones como «en mi empresa sólo puedo hacer lo que me dicen» o «tengo que adaptarme al equipo» son habituales en estos casos.

Los condicionantes de terceros existen y son más o menos influyentes en cada caso, pero nunca deben convertirse en impedimentos.

La productividad personal es algo que solo depende de la persona que la aplica, y por tanto la responsabilidad de alcanzarla o no también es individual.

Las interacciones de terceras personas o las circunstancias del contexto pueden influir en cómo se debe actuar, pero nunca deben impedir la mejora personal.

 

Quedarse en la superficie

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Coge la pala y excava un poco 🙂

Todos tenemos un montón de planes: planes relacionados con la actividad profesional, financieros, de ocio y de muchos otros tipos.

Pero ¿cuántos de estos planes realmente intentamos llevar a cabo? Lo habitual es que la mayoría se quede en el tintero.

Planificamos y analizamos, pero no actuamos porque nunca sea dan las condiciones adecuadas. Lo habitual es «no precipitarse” y “esperar al momento adecuado”, pero la realidad es que las circunstancias perfectas se producen en muy pocas ocasiones.

Las acciones previas son importantes. Por ejemplo, leer sobre productividad (como estás haciendo ahora) ayuda, formarse para ser más eficiente es importante y ser consciente de que tienes que mejorar es clave, pero todo eso no vale de nada si no profundizas y solo te quedas en la superficie.

Por eso te animo a que empieces a actuar ya. Incluso aunque el plan no sea perfecto, tengas dudas o no estés seguro de si va a funcionar. La acción hará que avances más y te dará más aprendizaje que cualquier teoría, plan o estudio.

¡Deja de darle vueltas y ponte en marcha! 🙂

 

Actitud

Ahora que te he hablado de los obstáculos más habituales que hacen que las personas no consigan mejorar aun sabiendo que deben hacerlo, viene la buena noticia: todos ellos se solucionan con la actitud adecuada.

Con ella serás consciente de que para mejorar no puedes depender de terceros, sino que tú eres la única persona que puede hacer que la situación cambie.

Una buena actitud hará que te concentres en pasar a la acción en vez de buscar excusas, en buscar el cambio y la evolución en vez de conformarte con algo que no funciona todo lo bien que te gustaría.

Con una disposición adecuada te concentrarás en lo que tú puedes hacer independientemente del entorno, o incluso serás capaz de usar las circunstancias externas en tu beneficio.

Si estás en la postura apropiada actuarás en vez de quedarte esperando en la superficie a que se den las circunstancias ideales.

Por eso la mentalidad, las ganas y el convencimiento de que mejorar implica actuar en vez de quedarse estático, es lo que realmente tiene el potencial para introducir cambios en tu día a día.

 

¿Te mueves?

Y tu ¿estás en movimiento? o ¿permaneces estático a la espera de que lleguen «tiempos mejores»?

Si te quejas mucho pero haces poco, si piensas que la responsabilidad de lo que te pasa es de terceros o crees que la suerte no te sonríe en aquello que haces, es seguro que tienes que abandonar la superficie, profundizar y pasar a la acción.

No digo que sea fácil, rápido, ni que vaya a acabar bien. Pero si hay algo que me ha enseñado la experiencia es que si no haces nada, no sucederá nada.

Actúa, aprende de tus errores, disfruta de tus aciertos y sigue mejorando constantemente. ¡Merece la pena! 🙂

¡Un fuerte abrazo!

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