Por qué debes premiarte y no ser tacaño contigo mismo

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¡Hola! ¿Todo bien?

En este blog hemos hablado de muchas prácticas y técnicas de mejora continua y gestión del tiempo, pero no de qué se puede hacer para que llevarlas a cabo sea más fácil y gratificante.

Así que en este artículo me gustaría hablarte de cómo puedes motivarte para realizar cualquier tarea, gracias a los premios y las recompensas.

¡Vamos con ello!

 

Lo bueno cuesta

Seguro que te has dado cuenta de que existe una ley universal que siempre se cumple: todo lo que realmente merece la pena, es difícil y requiere de un esfuerzo considerable.

Alcanzar tus objetivos o acercarte a ellos es reconfortante y estimulante, pero el camino a seguir puede ser duro.

Lo que es fácil de conseguir se convierte en algo superfluo e intrascendente, pues cualquiera lo puede lograr sin esforzarse demasiado.

Por eso si tenemos unos objetivos claros y queremos alcanzarlos, las tareas superfluas e intrascendentes no nos van a acercar demasiado a ellos.

Esta reflexión que parece bastante obvia, plantea un pequeño problema que debemos tener en cuenta: a nuestro cerebro le gustan las cosas fáciles.

Como comentamos en el artículo sobre la zona de confort, estamos diseñados para ahorrar energía. Este es el motivo por el que tendemos a priorizar aquellas tareas que nos resultan más sencillas frente a las que requieren un mayor consumo de recursos.

 

Estimúlate

estimulate

Una chispa y listo para despegar

De modo que sabemos que lo que debemos hacer es lo que más esfuerzo cuesta, pero de forma natural tendemos a hacer lo más sencillo.

Esta situación provoca un pequeño conflicto interno, en el que cualquier ayuda para dirigirnos hacia el camino correcto es bienvenida.

Así que ¿por qué no introducir motivaciones extra para realizar las tareas más pesadas?

Si nos otorgamos pequeñas recompensas por realizar tareas especialmente difíciles o importantes, obtendremos ese extra de confianza que puede suponer la diferencia entre vencer a la procrastinación y la pereza o no hacerlo.

Estos pequeños premios que obtendrás según vayas consiguiendo cosas, serán poderosos alicientes que te animarán a seguir y que te demostrarán que estás en el buen camino, que te estás acercando a tus metas.

 

No improvises

Para que premiarte sean efectivo es necesario hacer una mínima planificación. Debes determinar por adelantado con todo el detalle posible, cuáles van a ser los premios y que tareas o actividades van a ser premiadas.

Así conseguirás dos cosas:

  • Asociar las mejores recompensas a las tareas más adecuadas.
  • Reforzar tu motivación previa a la realización de la tarea al conocer exactamente qué premio obtendrás al finalizarla.

Es una buena práctica determinar las recompensas en el momento en el que se establecen las tareas diarias, relacionando los premios con estas en ese momento.

Una vez implantes el hábito de asociar premios a tareas, esta planificación será cada vez menor y los premios pasarán a formar parte de las propias tareas.

 

Breves, intensas y disruptivas

A la hora de establecer las recompensas no hay que olvidar que su objetivo es motivarnos para seguir adelante. Se trata de una herramienta para potenciar nuestra productividad.

Por eso deben ser lo suficientemente breves como para no interferir con la planificación del resto de tareas, pero lo bastante intensas como para suponer un aliciente a tener en cuenta.

Por ejemplo, si por acabar ese informe importante antes de comer te premias con toda una tarde de compras, la recompensa en vez de ayudar a tu productividad lo que hará será poner piedras en tu camino.

Asimismo, si la recompensa la llevamos a cabo en un entorno diferente en el que hemos desarrollado la tarea y además consiste en algo radicalmente opuesto a ella, aumentaremos la motivación que proporciona.

Por ejemplo, evita premiarte con algo que implique usar tu PC si la tarea por la que te recompensas las has realizado delante del monitor. En vez de eso, prueba a levantarte de la silla y comprar un snack en el quiosco de la esquina 🙂

 

Satisfacción inmediata

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¡Fiestaaa!

También es importante que el premio proporcione satisfacción lo más rápido posible una vez se empieza a disfrutar.

Esto no sólo hará que las recompensas sean más provechosas, sino que se reforzará la relación causa-efecto entre el esfuerzo y la recompensa, lo que a su vez aumentará la motivación por alcanzar el premio.

Por ejemplo, saborear un buen café proporciona placer instantáneamente mientras que revisar tu Facebook puede que no lo haga si no hay contenido interesante en ese momento.

 

Algunos ejemplos

No es fácil dar ejemplos universales de recompensas porque cada persona tenemos gustos diferentes. Lo que para algunos puede ser un estímulo, puede que para otros sea casi una tortura.

Así que te voy a contar algunos de los premios que yo uso en mi día a día, para acompañar el contenido de este artículo con casos reales. Si además alguno se adapta a ti, mejor que mejor 🙂

  • La ducha reparadora: cuando hago deporte, mi cerebro suele decirme que pare de correr o que me baje de la bici inmediatamente. En estos casos, pienso en el premio que obtendré si completo el recorrido previsto: una ducha relajada, sin prisas, con un gel escogido específicamente para la ocasión.

Hay una gran diferencia entre la ducha «estándar» de una mañana cualquiera, y otra planeada como recompensa al esfuerzo físico. ¡Compruébalo tú mism@!

  • El café reposado: después de completar la tarea más importante del día (que siempre hago a primera hora de la mañana), me premio con un buen café preparado con cariño. Desde el ritual de la preparación hasta el momento en que apuro la taza, disfruto de un tiempo de relajación y desconexión total.
  • El plan de ocio: este premio es un poco especial porque recompensa la labor realizada durante toda la semana. Los viernes por la tarde después de terminar todas las tareas del día y por tanto de la semana, dedico un tiempo a planear el fin de semana. Esta planificación me ayuda a aprovechar a tope mi tiempo de ocio y además me motiva para disfrutarlo al máximo.

Estos son mis premios más recurrentes, pero hay muchas más posibilidades.

Por ejemplo, algo tan sencillo y aparentemente insignificante como tachar una tarea realizada de tu pizarra, puede convertirse en una excelente motivación para conseguir terminarla.

¡Tú pones los límites!

 

No lo subestimes

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Pequeño pero poderoso

Si nunca te has planteado la idea de premiarte por la realización de ciertas tareas, es posible que te pueda parecer algo trivial y de poca importancia.

Yo mismo pensaba eso, hasta que introduje las recompensas en mis tareas.

He recorrido muchos kilómetros sobre la cinta del gimnasio alentado por mi premio posterior, y he conseguido terminar mi tarea principal del día más veces de las que puedo recordar empujado por el recuerdo del café recién hecho.

Los estímulos positivos, aunque sean sencillos, tienen un gran poder sobre nuestras acciones por lo que ¡no subestimes lo que pueden conseguir!

¡Anímate y prueba a premiarte!

 

¿Eres generoso contigo?

Si este artículo te ha parecido interesante, deja un comentario indicando si eres generoso contigo mismo y te premias con frecuencia o más bien eres un poco tacaño 🙂

Seguro que entre todos podemos hacer que nuestras recompensas sean más satisfactorias y, en consecuencia, más motivadoras.

¡Un fuerte abrazo!

Si te ha gustado comparte, ¡Gracias!

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