Qué son las posterioridades y te como ayudan a obtener resultados

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¡Hola! ¿Todo bien?

Hace algún tiempo dedicamos un artículo en Biffwin a las prioridades . En el comentábamos la importancia de saber que tareas deben realizarse antes que otras en base a la consecución de una serie de objetivos.

En esta entrada trataremos algo igual de importante que el hecho de saber que va delante, que es conocer que es aquello que va en segundo lugar.

De modo que si lo primero son las prioridades, lo que va después serán las «posterioridades».

¿Te gustaría saber más? ¡Pues sigue leyendo! 🙂

 

Planificación vs. acción

A la hora de hacer una planificación o de programar las tareas que debemos llevar a cabo para conseguir un objetivo, nos centramos en lo importante, en aquello que debemos cumplir obligatoriamente para acercarnos a la meta.

De esta forma, ponemos todos nuestros esfuerzos en definir lo prioritario, en aquello que marcará la diferencia para llegar a nuestro destino.

Este es el modo correcto de proceder a la hora de planificar, pero al llevar a la práctica nuestros planes y enfrentarlos con la realidad es seguro que se van a dar circunstancias y van a surgir tareas que no habíamos previsto en la planificación.

Surgirán nuevas tareas y trabajos por hacer que amenazarán a nuestra planificación, y en consecuencia a que podamos obtener los resultados que os habíamos propuesto en ella.

Para evitar que esto suceda, es imprescindible que además de fijar nuestras prioridades hagamos lo propio con las «posterioridades», que serán las tareas o acciones que irán siempre después de las prioridades.

La habilidad para clasificar las tareas que surjan sobre la marcha en prioridades o posterioridades, es vital para mantenernos enfocados y que nuestra productividad y eficiencia sean máximas.

 

Los resultados en mente

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Objetivo fijado

Para conseguir saber cómo proceder ante una tarea que surge y que no teníamos prevista, es necesario tener en cuenta los resultados que queremos obtener.

Hoy en día es habitual e incluso tiene cierto reconocimiento profesional el «estar siempre ocupado» o «hacer muchas cosas». La hiperactividad actualmente se percibe como algo positivo e incluso deseable, dando la impresión de que estar muy ocupado lleva irremediablemente a obtener resultados.

En contraposición, es frecuente que veamos a las personas tranquilas, organizadas y que se toman las cosas con calma como poco productivas e incluso algo holgazanas.

Sin embargo, ser productivo no consiste en hacer muchas cosas sino en obtener resultados. De poco sirve trabajar doce horas al día, si al final de la jornada no estás más cerca de tus objetivos que cuando comenzó.

Dicho de otra forma, no se trata de hacer muchas cosas sino hacer las cosas correctas. Los resultados no dependen de la cantidad de tareas que hagamos, sino de la calidad de estas.

 

¡Eh! Espera un momento

Para poder decidir acertadamente lo que son posterioridades y lo que no, es necesario dedicar un tiempo a pensar y decidir sobre ello.

Desgraciadamente la reflexión no es un valor destacable hoy en día, dónde prima más la inmediatez, el estrés y las prisas.

Pero es precisamente la calma y el detenerse un instante a determinar si algo es prioritario o no, lo que hace que superemos la hiperactividad y esa sensación de haber estado muy ocupados, pero no haber llegado a ningún sitio.

De modo que no es suficiente con conocer cuáles son nuestras metas y la planificación para llegar a ellas, sino que debemos ser capaces de aplicar este conocimiento en la vorágine del día a día.

Lo que sucede a nuestro alrededor nos incita a hacer más, viajar más, probar más, correr más. Siempre hay algo por descubrir, por estudiar, por implementar.

Frente a esta avalancha de posibilidades, debemos simplificar. Hay que dedicar un momento a extraer de todas esas opciones sólo las que sean realmente interesantes para nosotros y descartar el resto.

 

El arte del no

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Difícil de aprender, fácil de aplicar 🙂

Y no sólo es importante decidir cuáles son las posterioridades, sino que debes actuar en consecuencia. Debes relegarlas al segundo plano que les corresponde y para eso vas a tener que decir que no.

Nuestro día a día está repleto de imprevistos, urgencias y tareas que no formaban parte de la planificación para ese día. Y la gran mayoría de ellas tienen su origen en terceras personas, de modo que tendremos que decir no a algunas (o todas) las tareas que nos pidan otras personas.

Decir no es difícil porque aceptar lo que piden los demás siempre es más cómodo, fácil y rápido. No tienes que pararte a pensar si te conviene hacerlo o no, quedas bien con los demás y transmites una imagen positiva de «buen compañero».

Pero la realidad es que si empleas tu tiempo en tareas que son la prioridad de terceras personas, no te quedarán horas suficientes para dedicarlas a tus propias prioridades.

Por eso es importante saber decir no cuando alguien te pide hacer algo inmediatamente. Y eso significa hacerlo de tal forma que la persona que te lo pide no se sienta defraudada, y al mismo tiempo que tú puedas seguir empleando el tiempo en lo que es importante para ti.

Una táctica efectiva que yo utilizo en estos casos es el «no, pero…». Consiste en rechazar realizar la tarea en los términos que quiere la persona que te la pide, y persuadirla para hacerla en los términos que a ti te interesan.

Por ejemplo, podrías rechazar una tarea con el siguiente argumento: «dame veinte minutos para que termine la tarea que tengo entre manos, y luego estaré al 100% contigo y seguro que lo resolvemos más rápidamente».

 

Lo que no voy a hacer

Hay otro «no» importante si hablamos de posterioridades, y es tener en cuenta aquellas cosas que no vas a hacer cuando planifiques tus próximas acciones.

Del mismo modo que decides tus prioridades en función de tus objetivos y en base a estas determinas las tareas que debes hacer, también debes decidir tus posterioridades y, en consecuencia, aquello que no vas a hacer hasta que hayas terminado con tus tareas más importantes.

Hoy en día hay más cosas por hacer que tiempo para hacerlas, por tanto habrá muchas de esas cosas que tendrás que decidir no hacer y así dejar espacio para las tareas que te acercan a tus metas.

Lo importante no es «estar muy ocupado» ni «hacer muchas cosas», sino emplearse en aquellas tareas que te permiten alcanzar tus objetivos. Los resultados no se miden por el tiempo que empleamos en «hacer cosas», sino por cuantos elementos tachamos de la lista de objetivos pendientes.

 

¿Disparas a todo o centras el tiro?

¿Defines las posterioridades junto con tus prioridades? ¿Incluyes en tus planificaciones lo que no vas a hacer? ¿Te cuesta decir no?

No seas tímido y comparte en los comentarios como gestionas esas tareas que debes hacer, pero que no son las primeras de la lista.

¡Un fuerte abrazo!

Si te ha gustado comparte, ¡Gracias!

Ey, ¿No vas a dejar un comentario?

2 Comentarios

  1. Mar

    Saber decir que no es importante. Con el artículo he aprendido a decirlo de una manera más diplomática y más efectiva.

    Responder
    • Rubén Rojas

      Gracias Mar, me alegro de que te haya servido! 🙂

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