Guía para el día a día: la base para alcanzar tus metas

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¡Hola! ¿Qué tal estas?

En artículos anteriores hemos hablado largo y tendido sobre la estrategia de objetivos y la planificación de tareas para alcanzar esos objetivos.

Pero en esta ocasión me gustaría hablarte sobre las acciones finales que se desprenden de todo ese proceso de planificación: las tareas diarias.

¡Vamos a por ello!

 

El culmen de la planificación

Las tareas diarias son el último paso en nuestro plan. Son la base sobre la que se asienta toda la planificación, que a su vez procede de nuestros objetivos.

En la serie que dedicamos a la estrategia de objetivos nos marcamos como último paso unos objetivos semanales.

Hablamos sobre cómo alcanzar estos objetivos mediante la planificación semanal, en la que mencionamos la importancia de las listas diarias, de las que ampliamos información en el artículo dedicado a Trello.

Lo que hacemos en nuestro día a día es lo que marca la diferencia. Nuestras tareas cotidianas, rutinas y hábitos es lo que realmente va a determinar los resultados que vamos a obtener.

Estos son los motivos que convierten a las tareas diarias en un elemento crucial en cualquier planificación, ya que definen las acciones concretas, reales y a corto plazo que debemos realizar para alcanzar nuestras metas.

 

La base

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Nada como unos buenos cimientos

Así que podríamos decir sin riesgo a estar muy desencaminados, que planificar adecuadamente las tareas diarias y posteriormente cumplir con ese plan es lo que de verdad nos va a permitir avanzar y obtener resultados.

Como sabes ninguna estrategia ni plan sirve de nada si no se lleva a cabo, si no se pasa a la acción. O, dicho de otra forma, si no «hacemos cosas» encaminadas hacia los objetivos que nos hemos marcado, nunca conseguiremos alcanzarlos.

Y precisamente es en esas «cosas» que debemos hacer en nuestro día a día en lo que se centran las tareas diarias, ya que nos indican en detalle cuales son las acciones que debemos realizar.

Por eso yo incluyo las tareas diarias dentro del proceso de actuación y no de planificación. Por tanto, planificar estas tareas será la primera de las acciones que debemos realizar para llevar a cabo nuestros planes.

 

Por qué

Por lo tanto las tareas diarias deben estar encaminadas a conseguir los objetivos semanales fijados. Su misión es determinar qué acciones concretas se deben realizar cada día para llegar a las metas fijadas

Veámoslo con un ejemplo.

En la actualidad, uno de mis objetivos semanales es la publicación de un nuevo artículo en Biffwin. Este objetivo a su vez tiene otros por encima que he determinado en mi estrategia de objetivos (formar una comunidad, disponer de una audiencia, etc.).

Así que para cumplir este objetivo he determinado las siguientes tareas diarias para cada día de la semana:

  • Lunes: elección de tema del artículo
  • Martes: redacción al 50%
  • Miércoles: redacción al 100%
  • Jueves: revisión y corrección del texto
  • Viernes: elección y tratamiento de recursos gráficos
  • Sábado: acciones SEO y publicación
  • Domingo: difusión en redes sociales

De esta forma, sabré que tengo que hacer cada día para alcanzar mi objetivo semanal.

También seré capaz de ajustar estas tareas diarias para jornadas futuras si algún día no cumplo con lo previsto, o si por el contrario consigo hacer más tareas de las previstas.

Dicho de otra forma, si tienes un manual para tu semana podrás modificarlo si surgen imprevistos. Si no lo tienes estarás a merced de falsas urgencias, requerimientos de terceros y «apagafuegos» varios.

 

Cómo

como

No te preocupes ¡no es tan complicado! 🙂

La planificación de cada día debe ser algo ágil, conciso y de corta duración. Determinar lo que debes hacer en un período de tiempo tan pequeño como un día, no debe suponer el empleo de muchos recursos.

Para ello te propongo que uses las listas diarias. Se trata de unas listas de tareas ordenadas por prioridad, asociadas a días concretos.

De esta forma sabrás que tienes que hacer cada día y además que es aquello debes hacer en primer lugar (lo más prioritario).

Seguramente no te descubra nada nuevo si te digo que vivimos en un entorno laboral de interrupciones y urgencias constantes. Y aunque sepas lidiar con ellas, es inevitable que acaben consumiendo una parte de tu tiempo.

Por eso es muy importante que priorices tus tareas diarias incluidas en cada día y que te asegures que lo primero que haces es lo más prioritario. De esta forma, minimizarás el riesgo de que quede algo importante sin hacer debido a circunstancias externas.

Tus listas diarias además deben ser cortas y las tareas que contenidas en ellas directas, concretas y claras. Debes ir al grano.

Para ello te propongo que no incluyas más de 4 ó 5 tareas en tus listas diarias, y que además de priorizarlas distingas visualmente (usando colores, estilos de texto, etc.) las que son clave de las que no.

 

Cuándo

Cualquier planificación debe hacerse antes de iniciar las acciones que se pretenden planificar. Esta afirmación que parece un juego de palabras y tan obvia, se incumple en muchas ocasiones.

Muchas personas planifican su día después de que este haya comenzado, haciendo que el proceso sea acelerado y poco eficiente pues están empleando un tiempo que deberían dedicar a realizar las tareas previstas para la jornada.

Por eso, es muy importante que configures tus listas diarias el día antes de su aplicación. Para ello, es una buena práctica incluir todos los días como última tarea (esa que debes hacer una vez hayas acabado todas las demás) la planificación del día siguiente.

Además, al final de cada jornada tienes una valiosa información que te será de ayuda para planificar el día siguiente:

  • Sabes lo que has sido capaz de hacer durante el día: si has hecho más o menos de lo previsto, puedes ajustar las tareas del día siguiente en consecuencia.
  • Sabes las tareas que han surgido en la jornada en curso: por lo que puedes tenerlas en cuenta para la próxima planificación.
  • Sabes en qué grado de cumplimiento se encuentran tus objetivos semanales: y en consecuencia puedes adaptar tus planes para el próximo día.

Tómate la tarea de planificar el día siguiente como un «bonus» de tu jornada. Hazlo en un ambiente distendido y si es posible fuera de tu ámbito laboral (en una cafetería, en el tren de vuelta a casa…).

Con el tiempo no sólo te servirá para planificar el día siguiente de forma efectiva, sino también como actividad para desconectar de la vorágine diaria.

 

¡Empieza ya!

Sólo dedicando 10 o 15 minutos cada día a planificar el día siguiente, serás capaz de hacer muchas más cosas y mucho más relevantes. En definitiva, serás más productivo.

Si todavía no has introducido las listas diarias en tu vida, ¡empieza hoy con la lista de mañana!

Y tanto si lo haces como si no, cuéntame tus experiencias en los comentarios ¡quiero saber cuál es tu método! J

¡Un fuerte abrazo!

Si te ha gustado comparte, ¡Gracias!

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