Descubre el secreto para avanzar con paso firme hacia tus metas

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¡Hola! ¿Qué tal todo?

Si eres asiduo a este blog o te interesa el tema de la productividad, seguro que sabrás que existen un montón de métodos y técnicas para planificar.

Establecer unos objetivos y una planificación para alcanzarlos son pasos necesarios e imprescindibles, pero no valen de nada si no se pasa a la acción, si no se hacen todas esas cosas que habíamos planeado.

Y es en eso en lo que nos vamos a centrar en este artículo: en la importancia de actuar.

¿Listo? ¡Vamos con ello!

 

Hacer es terminar

hacer-es-terminar

El final es la clave

Pasar a la acción no es únicamente empezar a llevar a cabo las tareas previstas en nuestros planes, sino por encima de todo TERMINAR esas tareas.

Iniciar aquello que queremos hacer es evidentemente un paso necesario para poder terminarlas, pero dejarlas inacabadas no solo es sinónimo de no avanzar, sino que lastra nuestro avance al haber empleado recursos en algo que no ha arrojado resultados.

Cuando hacemos planes, muchas veces iniciamos las tareas que hemos planeado, pero no siempre llegamos a terminarlas.

Hay muchos ejemplos cotidianos de tareas inacabadas. Es posible que un buen día empezaras una dieta, pero la abandonaras antes de obtener los primeros resultados. Quizás en un momento dado empezaste a ir al gimnasio, pero dejaste de hacerlo antes de alcanzar la forma física que querías.

En todos estos casos y en muchos otros, no terminar aquello que empezamos frena nuestra progresión y puede causar frustración y desánimo.

 

El tamaño importa

Por tanto, si tenemos en cuenta que terminar las tareas previstas es lo que realmente marca la diferencia en el camino para alcanzar nuestras metas, el tamaño de esas tareas se vuelve un factor importante.

No requiere el mismo esfuerzo terminar un gran proyecto de meses de duración y alta complejidad, que una pequeña y sencilla tarea que suponga únicamente unas pocas horas de trabajo.

Por eso para conseguir alcanzar objetivos ambiciosos, es imprescindible trocearlos en otros más pequeños y manejables, de modo que la consecución de estos lleve irremediablemente a lograr el objetivo principal

De esta forma si dividimos un gran proyecto en pequeñas tareas, cada vez que terminemos una de ellas estaremos más cerca de culminar ese proyecto importante.

Por ejemplo, si queremos perder diez kilos en seis meses con nuestra dieta, lo más efectivo es dividir ese proyecto en partes que podamos empezar y terminar más fácilmente. Adelgazar cuatrocientos gramos de peso a la semana es algo alcanzable, y si lo hacemos todas las semanas al final completaremos el proyecto principal.

 

Simplifica

simplifica

Simple pero útil y funcional

Las tareas sencillas siempre serán más fáciles de hacer que las tareas complejas. Por tanto, será tanto más asequible terminar una tarea cuanto más simple sea.

Pero no siempre aquello que tenemos que hacer para acercarnos a nuestras metas es sencillo, sino que muchas veces es complicado, difícil y requiere un gran esfuerzo.

Sin embargo, cualquier tarea compleja puede dividirse en tareas más sencillas. De hecho, por definición no es posible dividir algo en partes que tengan más dificultad que aquello de lo que proceden. Trocear siempre implica disminuir la complejidad de algo, pues los trozos resultantes sólo representan una parte de lo que estamos dividiendo.

De modo que a la hora de dividir tus tareas para que sean más fáciles de terminar, no sólo debes tener en cuenta que sean del tamaño adecuado sino también de la complejidad correcta.

 

La regla del 3

Un método muy eficaz para dividir las tareas de tal forma que sean del tamaño y complejidad adecuadas para que puedas terminarlas fácilmente, es la regla del 3.

Nos gusta el número 3. Tres es el número mínimo de elementos que se requieren para formar un patrón. Es fácil de recordar, de repetir y es un número manejable, sencillo y comprensible.

Si reflexionas un momento, verás que el 3 está presente en muchas cosas cotidianas. Las 3 partes de cualquier historia (presentación, nudo y desenlace), los 3 niveles de maestría o aprendizaje (principiante, intermedio, experto), las 3 opciones de un servicio (básico, profesional, premium), y un largo etcétera.

Por eso si tienes una tarea que debes dividir pero te resulta difícil hacerlo, prueba a dividirla en 3 partes. Si cada una de ellas aún es demasiado grande o compleja, divídela de nuevo en 3 partes.

Repite este proceso hasta que llegues a unas tareas de un tamaño y dificultad tal que puedas terminarlas con facilidad. Te sorprenderás de lo bien que funciona esta estructura de divisiones en tres partes, y de cómo encajan unas con otras de forma natural.

¡Pruébalo! 🙂

 

Pásate a la monotarea

monotarea

Me he quedado sin palabras 🙂

Existe la creencia generalizada de que cuantas más cosas seamos capaces de hacer al mismo tiempo, mayor será nuestra productividad y eficiencia.

Sin embargo, la realidad es muy distinta.

Sin tener en cuenta la pérdida de atención y concentración en lo que estamos haciendo si empleamos la multitarea respecto a la monotarea, tenemos que tener en cuenta que hacer varias cosas a la vez implica retrasar la finalización de cada una de ellas.

Si estamos considerando que «hacer» algo es sinónimo de terminarlo, cualquier cosa que ponga trabas o haga más difícil acabar una tarea, hará lo propio también con nuestros avances y progresos.

La multitarea implica además que empecemos un mayor número de tareas, aumentando nuestra ansiedad y estrés debido a la cantidad de frentes que tenemos abiertos.

Por todos estos motivos, elige siempre la monotarea.

Haz sólo una cosa cada vez, incluso aunque sean tareas sencillas y rápidas, porque de lo contrario comprobarás como se convierten en pesadas y lentas con asombrosa facilidad.

 

Siempre ten un plan

Si como comentábamos al principio del artículo la planificación sin la acción no sirve de nada, actuar sin saber hacia dónde te diriges sólo hará que vayas dando tumbos y te sea muy difícil obtener resultados.

Actuar es la clave para avanzar, pero sin un rumbo a seguir tu avance será errático y tu destino final incierto.

Por eso antes de lanzarte a hacer cosas, siempre debes tener un plan. Debes asegurarte que cada tarea que terminas contribuye a la finalización de un proyecto más grande, que todo lo que haces tiene un sentido y se dirige hacia un fin claro, conciso y determinado de antemano.

Planificar y no actuar es casi tan inútil como actuar sin tener un plan que guie esas acciones.

 

¿Terminas o tienes muchos frentes abiertos?

Déjame un comentario y dime si sueles terminar tus tareas, o por el contrario tienes muchas cosas pendientes para cuando «tengas un rato». ¿Usas alguna técnica para asegurarte de acabar lo que empiezas?

¡Un fuerte abrazo!

Si te ha gustado comparte, ¡Gracias!

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1 Comentario

  1. Maria del Mar

    La regla del 3 y la monotarea pasarán desde ya a mi organización y planificación. ¡Gracias por tus aportaciones siempre interesantes!

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