La mejor herramienta para aumentar drásticamente tu productividad

por | May 10, 2019

¡Hola! ¿Cómo estás?

Hace un tiempo que publiqué un artículo sobre el ahorro de tiempo diario mediante la modificación de algunos de nuestros hábitos más comunes.

Sin embargo, revisando el blog me he dado cuenta de que todavía no había dedicado ninguna entrada a los hábitos.

Así que voy a solucionarlo ahora mismo 🙂

 

Definiendo conceptos

Consultando mi querida RAE, los conceptos de hábito y rutina son prácticamente sinónimos. No obstante, me llama la atención que en ninguna de las definiciones de estas palabras se incluye la idea de voluntariedad.

Así, el hábito es un modo de proceder adquirido por la repetición de actos iguales o semejantes, mientras que una rutina es una costumbre adquirida por mera práctica.

Sin embargo, en la acción consciente y voluntaria de la adquisición de un hábito es dónde reside su importancia y su gran potencial para aumentar nuestra productividad.

 

Ahorrando energía

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Así, sólo lo necesario

Posiblemente te hayas dado cuenta que te cuesta mucho menos esfuerzo realizar una actividad que se haya convertido en un hábito que una que no lo sea.

Si tienes coche, estoy seguro de que puedes conducir de forma prácticamente automática, mientras que cuando estabas practicando para obtener tu licencia tenías que poner los cinco sentidos en ello.

Yo mismo en estos momentos estoy escribiendo este artículo sin necesidad de pensar dónde está cada letra en mi teclado, mientras que la primera frase que escribí con mi 286 me supuso un esfuerzo considerable.

Esto se debe a que nuestro cerebro y todo nuestro cuerpo en general tiende a ahorrar energía, por lo que instintivamente priorizamos aquellas tareas que requieran un menor gasto energético frente a las que suponen un gasto mayor.

Ese es el motivo por el que somos propensos a crear hábitos, pero también por el que los cambios nos generan un sentimiento de rechazo inicial. Se trata, en definitiva, de la causa de la existencia de la célebre «zona de confort».

 

Maximizando el beneficio.

Por tanto, si tendemos a crear hábitos y al mismo tiempo somos capaces de realizar las tareas que los forman sin apenas esfuerzo, el resultado es que adquieren un gran potencial para mejorar nuestra eficiencia y productividad.

Sin embargo, también debemos tener en cuenta que hacer cambios nos cuesta mucho más que continuar con nuestras costumbres, por lo que implantar nuevos hábitos es una tarea costosa y que lleva cierto tiempo.

Aun así, tiene un potencial tan grande que sin duda merece la pena el esfuerzo 

 

Rutinas

Te comentaba el principio del artículo las definiciones que nos da la RAE de las palabras hábito y rutina.

Personalmente creo que la diferencia entre las dos reside en la intencionalidad. De esta forma, los hábitos serían actos conscientes mientras que las rutinas estarían motivadas por otros factores (sociales, económicos, etc.).

Por ejemplo, leer es una actividad que realizamos prácticamente sin esfuerzo pero que en su momento aprendimos de forma deliberada. Es un hábito.

Sin embargo, cenar de forma copiosa a las 10 de la noche es algo que hacemos en España sin haberlo decidido previamente. Simplemente lo hacemos así porque es una costumbre socialmente aceptada. Es una rutina.

Si somos capaces de convertir las rutinas en hábitos, tendremos muchas más posibilidades de conseguir nuestras metas empleando una cantidad de energía similar a la que empleamos actualmente.

 

Analizando la situación actual

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Veamos…

El primer paso para implementar nuevos hábitos es analizar cuál es tu situación actual. Se trata de que escojas un periodo temporal concreto (por ejemplo, una semana) y apuntes aquellas cosas que haces de manera recurrente. Aquello que haces todos los días a la misma hora y de la misma forma.

Te sorprenderás de la cantidad de cosas que haces de la misma forma todos los días. De hecho, te darás cuenta de que la mayoría de tus acciones diarias se corresponden con hábitos y rutinas. ¿Recuerdas lo que te contaba antes sobre el ahorro de energía? Pues eso 🙂

Ahora imagina todo lo que podrías conseguir si fueras capaz de convertir todos tus hábitos y rutinas actuales en otros que realmente te acercaran a tus objetivos.

Estarías constantemente realizando acciones acordes con tu propósito en las que además emplearías muy poca cantidad de energía.

¿A que tiene buena pinta? 🙂

 

Desechando lo que no sirve

Una vez hayas analizado tu situación actual, lo primero que detectarás serán aquellas rutinas que no te aportan ningún beneficio. Puede incluso que alguna te suponga un perjuicio.

Debes eliminarlas y en su lugar implantar nuevos hábitos que sean beneficiosos para ti.

Es posible que en vez de levantarte con la hora justa y salir de casa sin desayunar y como un zombi, merezca la pena que adquieras el hábito de irte a la cama antes, para poder a su vez levantarte más temprano y así tener tiempo para arrancar el día de la mejor manera posible.

Quizás estar pendiente constantemente de tu correo electrónico o tus notificaciones no sea lo más adecuado para tu productividad, y debas adquirir el hábito de fijar unos tiempos específicos para realizar estas tareas.

Seguro que te haces una idea de por dónde voy 🙂

 

Reiniciando máquinas

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¡Dale otra vez!

Ya te lo he adelantado, pero ahora te lo confirmo: adquirir hábitos es difícil y eliminar rutinas es aún más difícil. Así que el primer paso para implantar nuevos hábitos es estar plenamente convencido de que quieres hacerlo.

Sólo la fuerza de voluntad adquirida gracias a la certeza de que los hábitos son una poderosa herramienta para mejorar, te ayudará en las primeras fases de la implantación.

Pero también tengo una buena noticia: una vez superes la fase de «rechazo» inicial y veas que obtienes los primeros resultados, la implantación sucederá de forma natural sin que tengas que hacer grandes esfuerzos.

Independientemente de estas consideraciones, el proceso para implantar nuevos hábitos es realmente sencillo. Consiste únicamente en repetir, repetir y repetir de nuevo.

En este caso no pretendemos mejorar un proceso por iteración sino adquirir un nuevo hábito por repetición.

Si repites el número suficiente de veces una acción en el tiempo, esta se acabará convirtiendo en un hábito. Así que déjame que insista una vez más: repite, repite y vuelve a repetir.

 

Algunos hábitos que me han funcionado

En este blog ya te he hablado de algunos hábitos que personalmente me han funcionado, y seguiremos hablando de otros en el futuro.

Anotar todo, madrugar un poco más o la planificación semanal son tres ejemplos a los que he dedicado sendos artículos.

Te invito a que les eches un vistazo y descubras si a ti también pueden resultarte útiles.

 

¿Cuáles son los tuyos?

No te cortes y déjame en los comentarios cuáles son los hábitos que te gustaría implantar y cuáles las rutinas que quieres eliminar. Seguro que entre todos descubrimos un montón de información útil que podemos aplicar.

¡Un fuerte abrazo!

Si te ha gustado comparte, ¡Gracias!

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