Como la gestión de prioridades te ayuda a sobrevivir a la vuelta al cole 🙂

por

¡Hola! ¿Qué tal?

¿Ya estás de vuelta al trabajo después de un buen período de descanso? 🙂

En este artículo me gustaría comentar un fenómeno que se repite de forma cíclica después de las vacaciones de verano. Yo lo llamo el «síndrome de la recuperación del tiempo».

Estoy seguro de que si consigues evitarlo, tu vuelta a la oficina después de las vacaciones será un poco más fácil.

¿Quieres saber de qué se trata?

¡Pues vamos a por ello!

 

Los antecedentes

Aquí en el hemisferio norte, septiembre es el mes de la «vuelta al cole». La actividad profesional se reactiva después de un mes de agosto en el que ha estado un tanto adormilada.

Incluso hay personas para las que las vacaciones es lo que separa sus años laborales, empezando un nuevo ciclo después de estas.

Estas características también hacen que septiembre sea el mes del año en el que nacen más nuevos proyectos, trabajos y networking.

Tus jefes o clientes por supuesto también han disfrutado de sus vacaciones. Y cuando vuelven al trabajo, quieren retomar sus proyectos o iniciar los nuevos con más fuerza que nunca para compensar el parón vacacional.

Por eso en estas fechas es frecuente querer «recuperar» el tiempo perdido, y esto hace que la importancia que se le otorga a muchas tareas sea mayor de la que realmente tienen.

 

Dámelo todo y dámelo ya

damelo-todo-y-ya

¿Por qué no puedo tenerlo ahora?

Así que nos encontramos en la época del año en la que todo el mundo quiere reactivar o lanzar su proyecto, y además lo hace con la energía extra que supone haber disfrutado de un buen período de descanso.

En definitiva, todos queremos compensar el tiempo empleado durante las vacaciones, como si estas nunca hubiesen existido.

De modo que para nuestros jefes, clientes e incluso compañeros prácticamente todo pasa a ser urgente y prioritario. Es la época del año en la que hay mayor número de tareas que son «para ayer».

Ya hablamos de cómo tratar las urgencias en un artículo anterior, por lo que en este nos centraremos en las prioridades.

 

Todo es prioritario

 Seguro que en alguna ocasión al preguntar sobre varias tareas te han informado de que todas son prioritarias. Primero preguntas sobre una, después acerca de otra y al final descubres que todas tienen prioridad.

Esta situación aunque frecuente, es incongruente con la definición de prioridad, que según la RAE es «anterioridad de algo respecto de otra cosa, en tiempo o en orden»

O dicho de otra forma, si algo es prioritario implica que el resto no lo es.

De modo que cuando todo es prioritario lo que significa realmente es que nada es prioritario.

Así que ante esta incoherencia ¿a qué debemos darle prioridad realmente? Yo he llegado a la conclusión de que debe ser a aquello que tenga prioridad para nosotros, independientemente de las prioridades de terceras personas.

¿Cómo he llegado a esta conclusión? Te lo cuento en el resto del artículo 🙂

 

Decisiones constantes

decisiones-constantes

Prohibido parar de tomar decisiones

Hay una afirmación muy conocida con la que estoy totalmente de acuerdo:  «tu situación actual es consecuencia de tus decisiones del pasado».

La realidad es que estamos continuamente tomando decisiones y todas ellas, en menor o mayor medida, determinarán lo que podremos llegar a alcanzar.

Una de estas decisiones que tomamos a diario es como emplearemos los próximos minutos de nuestro tiempo. Puede que la decisión la tomemos con cierta antelación gracias a la planificación o que sea más instantánea, pero todo aquello que hacemos hemos decidido hacerlo previamente.

Así que parece sensato que hagamos un ejercicio de reflexión antes de emplear nuestro tiempo en una determinada tarea, para determinar si realmente es la adecuada para abordar en ese preciso instante.

En otras palabras, si le otorgamos prioridad sobre el resto de posibles tareas que podemos hacer o no.

 

Prioridades inconscientes

Del mismo modo que todos tomamos decisiones continuamente, también otorgamos prioridades constantemente.

Hoy en día las posibilidades tanto a nivel personal como profesional son enormes y además el acceso a la información es fácil, rápido y universal.

Esto implica que prácticamente en cada momento de nuestras vidas y sea cual sea nuestro estilo de vida u objetivos a alcanzar, vamos a tener varias opciones a elegir en cuanto qué tareas debemos realizar a continuación.

Y dado que de momento los días tienen 24 horas (y no parece que eso vaya a cambiar pronto), debemos decidirnos por una de ellas. O si prefieres, debemos dar prioridad a una sobre las otras.

Y esto es algo que todos hacemos continuamente (de forma consciente o no), porque de lo contrario simplemente no haríamos absolutamente nada.

Entonces, si siempre estamos decidiendo que hacer y que no ¿por qué no intentar mejorar la toma de esas decisiones?

 

El punto de vista

punto-de-vista

Así no se ve igual

Pero volvamos al mes de septiembre y al «todo es prioritario» 🙂

Las prioridades tienen una característica universal: siempre pertenecen a la persona que las decide. Es decir, lo que es prioritario para unos puede no serlo para otros, o puede que lo sea en una medida menor.

De modo que cuando tus jefes o clientes te miran a los ojos, y con expresión seria te dicen «esto es prioritario», lo que realmente te están diciendo es «esto para mi es prioritario».

Así que cuando te veas en esa situación, lo que te propongo es que en vez de lanzarte de cabeza a hacer esa tarea que otra persona ha dicho que es prioritaria, te preguntes ¿esta tarea también es prioritaria para mí?.

Si se trata de un trabajo indispensable para poder terminar un proyecto importante del que depende tu sueldo, seguramente le darás prioridad.

Si por el contrario es una petición de tu jefe que retrasa terminar el mismo proyecto importante, quizás debas hablar con él para exponerle la situación.

Conocer las prioridades de los demás puede ser una información valiosa, pero no por eso debes hacer tuyas las prioridades de terceros.

 

¿Priorizas o te estresas?

Una de las causas más frecuentes del estrés es la falta de priorización consciente de tareas. Si tratamos como propias las prioridades de terceros, siempre tendremos algo prioritario sin hacer y pocas veces podremos atender nuestras prioridades reales.

O dicho de forma más coloquial, es el motivo que nos lleva a usar la conocida expresión «nunca tengo tiempo para nada».

Si ese es tu caso, tengo buenas noticias. Esa sensación de que 24 horas no son suficientes para todo lo que hay que hacer, desaparece cuando realmente sabes qué es lo que debes hacer y lo que no.

Te animo a que hagas la prueba 🙂

Y tu ¿eres de los que no tiene tiempo? o ¿priorizas tus tareas conscientemente en base a tus metas?

¡Un fuerte abrazo!

Si te ha gustado comparte, ¡Gracias!

Ey, ¿No vas a dejar un comentario?

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *